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He visto el mal a los ojos… Venezuela

Que no se nos nuble el juicio. ¡…que sea humana la humanidad! Dijo Alí, ese mismo que le gusta tanto a tantos, incluyéndome. Estamos pasando por un momento crítico en Venezuela, y es imposible callar, es insensato hacerse el desentendido.

He visto con dolor cómo se ajusticia a hombres y mujeres injustamente, todas vidas valiosas, pero al parecer cuando se trata de política, unos pesan más que otros. No son los muertos del oficialismo, ni de la derecha, son venezolanos que están pagando por una estrategia que le resulta sumamente útil a quienes quieren poder “Divide y vencerás”. Y aún así hay quienes entusiasmados por todo ese huracán de emociones en medio de este río revuelto, son capaces de justificar lo injustificable, de ser voceros abocados de un lado o del otro, sin revisar, carentes de auto-crítica; de señalar, ofender y considerar “enemigos” a quienes por alguna razón disientan de uno o todos los aspectos de sus ideologías, he escuchado a personas -para mi pesar- llamar justicia a la vil venganza y alegrarse por el mal de quienes apoyan a sus contrarios e incluso exigir que se le castigue; he visto el mal a los ojos en más de una oportunidad y estaba vestido de cualquier color. Hace mucho aprendí que no se puede condenar a nadie por creer, así me parezca absurda su creencia. ¡Reflexionemos! Tal vez así empecemos a ocuparnos de hallar las maneras de sanar esta terrible enfermedad en la que estamos sumergidos.

Estoy dolida, sí, muy dolida, como sé que lo están todos quienes saben que a cada camiseta roja o tricolor, la sostiene una humanidad que no debe ser maltratada por querer su versión de mejor país, ya sea beneficiosa para toda una nación o no. Estoy indignada, sí, como lo están todos quienes tienen un ápice de claridad sobre la noción de justicia y saben que no está siendo equitativa en este país, que se está abusando del poder a destajo, que se violan leyes a conveniencia sin que exista un órgano que los regule, que no hay separación de poderes, que no hay respeto por la vida humana, no desde ahora, sino desde hace muchos años atrás, en los que se decidió enfocar todos los recursos del estado para fortalecer un proyecto que enmarca grandes ideas, y que ha ido deteriorándose por mala conducción, intereses individuales, y una larga lista encabezada por el hecho de que en algún momento de esta historia se permitió anteponer la permanencia de un líder en el poder, a la trascendencia de la obra, dejando de lado con ella a millones de venezolanos que día a día mueren y padecen en una Venezuela donde la justicia viaja rápido para alcanzar a algunos, y se queda inmóvil cuando se trata de otros. Sin embargo, mi indignación no da para algo más que no sea exigir que se me permita hacer uso de los derechos que como ciudadana me corresponden.

Luz Hernández.

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Preferir libros a telenovelas

 

Es fundamental que nos adentremos en el mundo de la lectura. Que no transcurra tu vida sin leer libros que queden para siempre en ti, incrementando tu conocimiento, invitándote a estar atento, a asociar, a interpretar, retándote a investigar.

 

 

 

 

 


Cuando una mujer comienza a crecer

El proceso que de se lleva a cabo cuando una mujer comienza a crecer, se asemeja metafóricamente al de una mariposa cuando quiebra la crisálida que una vez fue oruga; a punto de dejar el lugar donde habita desde que empezó su existencia, desconociendo lo que le espera, hace lo necesario para salir a la luz.

 

 

Cuando una mujer comienza a crecer, no quiere un hombre que la cuide o le provea (Esta tarea ya la hizo el padre, y en caso de que éste no haya estado presente, ella aprendió a darse lo que él no le dio) quiere a un hombre que la ame, la desee y sea capaz de caminar sin complejos a su lado.

 

Cuando una mujer comienza a crecer, disfruta y acepta cada parte de su cuerpo, se hace responsable por él, empieza a darle importancia a su salud, cuida su alimentación, se ejercita, se asea como es debido, vibra con su feminidad y comprende que no son necesarias las cirugias para “sentirse mejor consigo misma o parecer más atractiva”.

 

Cuando una mujer comienza a crecer, analiza con detalle qué y cómo las situaciones de su pasado han influido en su vida al punto de encerrarla en definiciones, etiquetas, jaulas mentales, y decide librarse de todas esas neurosis para vivir en libertad.

 

Cuando una mujer comienza a crecer, el sexo no le avergüenza ni es tabú, es parte de su vida, complemento de sus centros, por tanto, lo realiza, lo respeta y lo disfruta como a un valioso arte.

 

Cuando una mujer comienza a crecer, ama sin mesura ahora, sabe que no hay después garantizado. Perdona. Si siente dolor sufre todo lo que desee sufrir pero llegado el momento se seca las lágrimas y florece, continúa. Se hace responsable de lo que le corresponde pero no carga con culpas.

 

A medida que la mujer va creciendo disminuyen sus berrinches, se hace más fuerte sin perder la magia de ser sensible, compasiva y amable. Cuida sus palabras, porque conoce el poder que poseen, sabe cuándo debe hablar y callar.

 

Cuando una mujer comienza  a crecer, está muy clara sobre la idea del matrimonio, siente que el comienzo de “vivir felices para siempre” no lo da, ni lo garantiza el casarse.

“Los que creen que la meta del amor es el matrimonio están condenados a que en cierto punto no les quede ni eso.” Luz Hernández.

 

Cuando una mujer está creciendo, acepta la hora de la despedida y así le cueste dejar un mundo entero atrás, causándole esto dolor, lo hace, emprende un rumbo nuevo, pero no sin antes agradecer por lo vivido. Aprende a vivir con desapego.

 

Cuando una mujer está creciendo, se reta y se atreve a  hacer eso que tanto quiere o siente que necesita hacer, así lleve un saco de temores a cuestas, sabe que puede hacerlo, que no será fácil, pero lo hace.

 

 

Y tú mujer que estás creciendo ¿Qué haces? ¿Qué sientes? ¿Qué piensas?

Y si todavía te resistes, te recuedo que evolucionar es parte del proceso natural de la vida ¡Rompe la crisálida y vuela!

 


No sólo yo extrañaba a quien había sido, le escuché entre susurros decir que añoraba a quien fue antes.

Luz Hernández


Reflexiones de vida

Por Luz Hernández


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