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Cuando regresas

Lo mejor de que regreses es lo que traes,
Lo mejor que traes es ese brillo en los ojos que te delata.
Ya puedes descansar en paz, no te he olvidado,
Puede que la ausencia pegue a diario junto al frío de la mañana,
Pero cuando se tiene un corazón abierto siempre hay fiesta y el calor que ésta emana.

Ten tranquilidad,
Por más millas que te alejes tu alma está en mí siempre guardada.

Luz Hernández.

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A mi querida MT

Sería egoista si le pidiera a la vida más tiempo del que ya te ha dado, por eso me conformo con que tus horas restantes en la tierra sean las más cómodas que hayas tenido, que la locura te arrope y vivas sin sentir complicaciones en el mejor mundo que tu cabeza pueda crear.

Fuiste una mujer que le mostró al mundo que solo hacen falta dos manos y voluntad para hacer maravillas, que no hace falta un hombre para levantar una casa, que todas no nacemos para dar vida pero podemos forjar muchas en el camino, que con el pasar de los años acompañados por los golpes que se reciben nos hacemos más duras por fuera pero siempre tenemos algo de amor internamente y una necesidad mayor de él. También fuiste muestra de una gran y cruel verdad de la vida, a los que le diste mucho lo único que hicieron fue quitártelo todo para después abandonarte sin mirar atrás y aquellos a los que le diste nada te levantaron sin replicar, dándote la atención y el cuidado que seguramente antes de que tu vida se viera truncada por esa nefasta enfermedad no hubieras aceptado por soberbia. Eres un ejemplo bello de esta vida, una gran lección.

A mi querida MT en su cumpleaños, uno de los más cercanos al final de sus días.

Tu sonriente Luz.

Estas letras las escribí el 18 de Diciembre de 2010, día del cumpleaños de MT, fue su último cumpleaños, murió el 27 de Noviembre de 2011. Siempre recordaré su mirada y su sonrisa.

Luz Hernández.


Mi hogar tus brazos

En cualquier parte del mundo mi hogar está entre tus brazos,

la luz la hallo en tus ojos,

la más hermosa melodía emerge de tus cuerdas vocales,

tus labios son sobre mi piel pétalos de flores con aroma a miel,

tus manos las que me invitan a bailar,

las que me aplauden aún después de fallar,

tus pies van haciendo camino sin imponerme tus huellas,

¿Cómo no sentirme bien? Si cuando estoy contigo siento la calidez de estar en casa,

ese lugar donde nos despejamos de máscaras, de posturas incómodas, de sociedades amargas.

Mi hogar está entre tus brazos, deseo siempre tenerlo, espero nunca te vayas.

 

Luz Hernández


Cuando una mujer comienza a crecer

El proceso que de se lleva a cabo cuando una mujer comienza a crecer, se asemeja metafóricamente al de una mariposa cuando quiebra la crisálida que una vez fue oruga; a punto de dejar el lugar donde habita desde que empezó su existencia, desconociendo lo que le espera, hace lo necesario para salir a la luz.

 

 

Cuando una mujer comienza a crecer, no quiere un hombre que la cuide o le provea (Esta tarea ya la hizo el padre, y en caso de que éste no haya estado presente, ella aprendió a darse lo que él no le dio) quiere a un hombre que la ame, la desee y sea capaz de caminar sin complejos a su lado.

 

Cuando una mujer comienza a crecer, disfruta y acepta cada parte de su cuerpo, se hace responsable por él, empieza a darle importancia a su salud, cuida su alimentación, se ejercita, se asea como es debido, vibra con su feminidad y comprende que no son necesarias las cirugias para “sentirse mejor consigo misma o parecer más atractiva”.

 

Cuando una mujer comienza a crecer, analiza con detalle qué y cómo las situaciones de su pasado han influido en su vida al punto de encerrarla en definiciones, etiquetas, jaulas mentales, y decide librarse de todas esas neurosis para vivir en libertad.

 

Cuando una mujer comienza a crecer, el sexo no le avergüenza ni es tabú, es parte de su vida, complemento de sus centros, por tanto, lo realiza, lo respeta y lo disfruta como a un valioso arte.

 

Cuando una mujer comienza a crecer, ama sin mesura ahora, sabe que no hay después garantizado. Perdona. Si siente dolor sufre todo lo que desee sufrir pero llegado el momento se seca las lágrimas y florece, continúa. Se hace responsable de lo que le corresponde pero no carga con culpas.

 

A medida que la mujer va creciendo disminuyen sus berrinches, se hace más fuerte sin perder la magia de ser sensible, compasiva y amable. Cuida sus palabras, porque conoce el poder que poseen, sabe cuándo debe hablar y callar.

 

Cuando una mujer comienza  a crecer, está muy clara sobre la idea del matrimonio, siente que el comienzo de “vivir felices para siempre” no lo da, ni lo garantiza el casarse.

“Los que creen que la meta del amor es el matrimonio están condenados a que en cierto punto no les quede ni eso.” Luz Hernández.

 

Cuando una mujer está creciendo, acepta la hora de la despedida y así le cueste dejar un mundo entero atrás, causándole esto dolor, lo hace, emprende un rumbo nuevo, pero no sin antes agradecer por lo vivido. Aprende a vivir con desapego.

 

Cuando una mujer está creciendo, se reta y se atreve a  hacer eso que tanto quiere o siente que necesita hacer, así lleve un saco de temores a cuestas, sabe que puede hacerlo, que no será fácil, pero lo hace.

 

 

Y tú mujer que estás creciendo ¿Qué haces? ¿Qué sientes? ¿Qué piensas?

Y si todavía te resistes, te recuedo que evolucionar es parte del proceso natural de la vida ¡Rompe la crisálida y vuela!

 


Si no hay más nada que sembrar…


Sabía que te amaba

Sabía que te amaba cuando al escribir o leer un poema, en el fondo veía tu rostro.

Sabía que te amaba cuando al sentirme feliz, brincando entre alegrías y carcajadas quería abrazarte.

Sabía que te amaba cuando al verte confundido sentía mucha pena por no poder ayudarte.

Sabía que te amaba cuando llegaba de pronto ese olor a despedida y mi alma sentía nostalgia y alivio a la vez, porque siempre fui libre a tu lado.

Sabía que te amaba porque mientras pasaban los años, a pesar de que mi memoria fallaba mi corazón quería a diario recordarte, y para hacerlo, solía pasar horas imaginándote conquistando el cielo que un día me mostraste.

Siempre supe que te amaba, porque jamás dejé de amarte, en mis sueños acariciarte y en mi vida suspirar por cada paso que dabas, cada ilusión que anhelabas, cada logro que alcanzabas. Sin egoismo, aprendí a amar tus defectos, traté de no justificarte ni menos aún juzgarte. Siempre supe que te amaba porque daría la vida entera por volver a encontrarme con esa dulce sonrisa y esos ojos brillantes.

Luz Hernández


Cierro los ojos…

 

Cierro los ojos y me acuesto a tu lado, tu espalda se vuelve mi mundo, tu sombra es esa manta de temperatura perfecta.

En silencio, disfruto el sonido de tu corazón que siempre anda de fiesta, sonando tan fuerte que así esté muerta de cansancio me despierta.

Tu respiración es suave, una caricia de ensueño.

Tu cuerpo, ese lugar confortable donde hallé la perfección, la ternura, la emoción, se mantiene quieto. Y yo, me quedo aquí a tu lado, con tu aroma, tu calor. Solo siento tu belleza, olvidándome de lo que se ve, de lo que se dice, de lo que se piensa, porque sentirme a tu lado es una dicha preciada, es un regalo del mundo, un regocijo en el alma, y mientras vivo esto el tiempo se hace eterno, es una obra sagrada que no termina ni al despertar de este sueño.

 

Luz Hernández


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